SÁBADO, 31 DE OCTUBRE
Lectura bíblica: Salmo 16
Salmo 16:8-9: «A Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra no seré conmovido. Por tanto se alegró mi corazón, y se gozó mi alma…»
Este mes estudiamos lo que significa conocer a Dios. Aprendimos que el Dios que puede conocerse es el Dios de la Biblia, el Dios revelado en Jesús, el Dios trino. La manera de comenzar a conocerlo es esta: aprender de su carácter y de sus caminos mediante la lectura de la Escritura. Saber describirlo y verlo obrar en los relatos bíblicos. Verlo en Jesús. Juntos consideramos la bondad y la gracia de Dios, así como su severidad y su ira.
Ver a Dios de esta manera nos llevó a mirarnos a nosotros mismos. No somos autosuficientes; más bien, somos caídos, malos, débiles y nos dirigimos al infierno, a menos que Jesús nos salve. Esto nos condujo al siguiente paso para conocer a Dios: tener una relación personal con él. Podemos pedir su misericordia por medio de la obra salvadora de Jesús en la cruz. Podemos descansar en el compromiso de Dios de perdonar a los pecadores. El cristiano entonces conoce más a Dios al aprender a ser discípulo de Jesús. Crece en la fe mediante la oración y la obediencia a la voluntad de Dios. Finalmente, ayer aprendimos que conocer a Dios lleva al creyente a la conclusión de que Dios es su todo en todo.
Y este es el corazón de la religión bíblica: que, suceda lo que suceda, el creyente se regocija en el Señor. Conocer a Dios por medio de Jesús es el secreto para hallar verdadera libertad y plenitud. En conclusión, la prioridad del creyente para hoy no es cómo celebrar mejor el Día de la Reforma, sino crecer en el conocimiento de Dios por medio de Jesús.
Sugerencias para la oración: Pide a Dios que te haga crecer en conocerlo y en deleitarte en él.
