MIÉRCOLES, 28 DE OCTUBRE
Lectura bíblica: Proverbios 3:1-12
Proverbios 3:5: «Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia».
La vez pasada hablamos de la guía de Dios. Hoy leerás escenarios de personas que «recibieron guía» y verás si estás de acuerdo con ellas.
Escenario: Cuando Anita se despertó, oró preguntándole a Dios si debía levantarse de la cama. Él le dijo que sí, así que se levantó. Luego le preguntó si debía ponerse el zapato derecho; él le dijo que sí, pero le dijo que no al izquierdo. Anduvo con un solo zapato el resto del día. Aquí hay dos errores graves: Anita no usó la Escritura para «escuchar» a Dios. Además, no todos los momentos requieren una guía especial de Dios.
Escenario: Al visitar la casa de unos amigos, Marcos notó una gran cantidad de dinero a la vista. De inmediato le vino a la mente Hageo 2:8: «Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos», así que Marcos tomó el dinero. Más tarde lo puso en la ofrenda de la iglesia. El error aquí es que la guía de Dios nunca llevará a sus hijos a violar su ley; por lo tanto, Dios no guio a Marcos a robar. Discierne cuidadosamente la Escritura en su totalidad.
Escenario: Los padres de Brenda le recordaron que limpiara la caja de arena del gato, tarea que ella detestaba. Sin embargo, esta vez recordó un versículo que había memorizado, Colosenses 3:23: «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres». De inmediato obedeció a sus padres y sonrió mientras hacía la tarea. Así es como suele funcionar la guía de Dios. Cuando fijamos con regularidad nuestra mente en la Escritura, el Espíritu de Dios nos impulsa a obedecer su voluntad en situaciones específicas, haciéndonos más semejantes a Cristo.
Sugerencias para la oración: Pide a Dios sabiduría para discernir su voluntad para tu vida. Pide un corazón que ame su palabra.
