LUNES, 4 DE MAYO
Lectura bíblica: Romanos 8:1-17
1 Pedro 1:4: «para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros».
Generalmente, nuestro concepto de la palabra esperanza tiene la idea de desear algo en el futuro que no está garantizado, un deseo basado en la incertidumbre, y podría suceder o no. ¿Es eso lo que tenemos aquí? ¿Nos presenta Pedro una expectativa incierta de bendición y vida futuras? No, la sustancia de esta esperanza viva es una herencia que es incorruptible, incontaminada, inmarcesible y reservada en los cielos para nosotros. La única esperanza que perdura debe basarse en lo que el Padre nos da en Cristo y no solo en lo que pensamos o sentimos. Así que esto no es algún tipo de ilusión o expectativa incierta que se sostiene sola sin fundamento. Es en realidad algo real y sustancial, ¡lo que el creyente posee en Cristo! Una vez que nos damos cuenta de que tenemos esta herencia, ¡podemos tener confianza y denuedo en nuestra fe!
La palabra herencia tiene la idea de propiedad, posesión o aquello que es real y sustancial. Aquí en la tierra, los patrimonios pueden cambiar de valor con el tiempo, o incluso perder valor. Los edificios y otras propiedades que son parte de una herencia pueden deteriorarse si no se mantienen. Pero no hay tales problemas con nuestra herencia en el cielo. Pedro nos dice que poseeremos algo que no puede ser arruinado, contaminado, marchitado ni quitado de nosotros. Está reservada para nosotros. Alabado sea Dios, nos hizo coherederos con Cristo y nos ha dado un legado perdurable.
Sugerencias para la oración: Alábalo porque todo lo que nos promete en su Palabra no es ilusión, sino que tiene sustancia real y se cumplirá como nos ha dicho. Alaba al Señor porque nos anima con la esperanza futura y la expectativa de nuestra herencia en Cristo.
