SÁBADO, 11 DE JULIO
Lectura bíblica: Rut 2:1-7
Rut 2:2-3: «Y Rut la moabita dijo a Noemí: Te ruego que me dejes ir al campo, y recogeré espigas en pos de aquel a cuyos ojos hallare gracia. Y ella le respondió: Ve, hija mía. Fue, pues, y llegando, espigó en el campo en pos de los segadores; y aconteció que aquella parte del campo era de Booz…».
En meditaciones anteriores hemos visto los hermosos contornos de la redención tomando forma. Pero tal como están las cosas ahora, esa redención aún no está completa. Noemí y Rut están de vuelta en Belén y las panaderías están haciendo buen negocio otra vez. Pero, a menos que una de ellas haga algo, van a pasar hambre. Sin un varón en su casa, todavía están en clara desventaja social y económica.
No sabemos por qué, pero es Rut quien toma la iniciativa (versículo 2). Ella hace uso de las leyes de espigar de «mi Dios». Se va y «espigó en el campo en pos de los segadores; y aconteció que aquella parte del campo era de Booz» (versículo 3).
«Aconteció que…» El autor divinamente inspirado está siendo un poco travieso aquí para hacer un punto. Literalmente dice «como la suerte le deparó, llegó a aquella parte del campo perteneciente a Booz». En el lenguaje de hoy diríamos: «dio la casualidad». Y se supone que debemos sonreír y decir: «¡Sí, claro! No hay casualidad en que esto sea una casualidad. Esto es nuestro Dios obrando, dirigiendo divinamente las cosas».
Es una buena pequeña lección, mientras vemos a Dios obrar la redención en nuestras vidas y en las vidas de otros. Así como él soberanamente orquestó cada momento de la vida de su Hijo para poder llevar a cabo nuestra redención, así gobierna soberanamente cada aspecto de nuestra existencia para lograr nuestra redención. Y recuerda, no hay forma de que eso sea una casualidad.
Sugerencias para la oración: Pide a Dios que abra tus ojos para ver las muchas y variadas formas en que él está obrando en tu vida.
