DOMINGO, 20 DE SEPTIEMBRE
Lectura bíblica: Salmo 122
Salmo 146:5-6: «Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en Jehová su Dios, el cual hizo los cielos y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay; que guarda verdad para siempre…»
¿De verdad importa si voy a la iglesia? Como cristianos, cuyo deseo del corazón es servir a Jesús, la asistencia a la iglesia es una expresión de obediencia. Los hijos observan cómo sus padres se preparan para ir a la iglesia. ¿Oran los padres de antemano por el pastor, los ancianos, los voluntarios y los músicos? ¿Guían los padres a sus hijos en tiempos de oración preparatoria, disponiéndose para el culto al pedirle a Dios que ablande sus corazones obstinados y quiebre toda resistencia a la palabra? A un adulto le resulta tan fácil distraerse en el culto dominical como a un niño. Es importante enseñar a tus hijos mostrándoles cómo tú mismo luchas contra tu propia carne para permanecer atento.
Si no tienes hijos en tu hogar, ¡ciertamente no estás exento! Los jóvenes de la iglesia también te están observando. ¿Escuchas activamente la predicación, o te distraes? ¿Aprendes los nombres de quienes llegan por primera vez? ¿Eres amigable? ¿Escuchas las historias de los más jóvenes que asisten a la iglesia? ¿Sirves como voluntario con gozo?
Los jóvenes de todas las edades son como esponjas. Observan, forman opiniones y, por el ejemplo de otros, están siendo instruidos, activa y pasivamente, sobre la asistencia a la iglesia. La asistencia, y todo lo que haces en la iglesia, importa. Las razones que tengas para asistir solo una vez el domingo (aun si tu iglesia tiene dos cultos) serán examinadas. Que tu asistencia al culto comunique a todos los que te observan cuánto amas a Jesús, el Salvador y Capitán de la salvación.
Sugerencias para la oración: Mientras te preparas para adorar, o quizás después de los cultos de este domingo, ora como enseñó el rey David: «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. Señor, abre mis labios, y publicará mi boca tu alabanza» (Salmo 51:10, 15).
