UNA INVITACIÓN: PARTE 2

VIERNES, 9 DE OCTUBRE

Lectura bíblica: Salmo 139

Salmo 145:5: «En la hermosura de la gloria de tu magnificencia, y en tus hechos maravillosos meditaré».

Ayer recibiste una invitación a adorar a Dios comparándolo con cosas grandes, porque él es más grande. ¿Recuerdas la palabra que usa la Escritura para referirse a la grandeza de Dios? ¿Notaste la palabra majestad en el pasaje destacado de hoy?

Hoy consideraremos otra manera de responder a la invitación a adorar y confiar en Dios por su majestad. Podemos eliminar de nuestros pensamientos cualquier límite que le hayamos puesto a Dios. Por naturaleza, achicamos a Dios para que quepa en nuestra mente, pero debemos resistir esa tendencia.

Piensa en el Salmo 139. Los versículos 1 al 4 hablan de que el conocimiento que Dios tiene de nosotros no tiene límite. Dios sabe cuándo nos sentamos y cuándo nos levantamos. Sabe lo que vamos a decir antes de que lo digamos. No hay parte alguna de nosotros que le esté oculta. El versículo 7 pregunta: «¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?». ¡Dios es tan grande que está en todas partes! No podemos escapar de él. Está contigo ahora mismo. Los versículos 13 al 16 hablan de cómo Dios diseñó nuestro cuerpo de una manera asombrosa y compleja; formidables y maravillosas son sus obras. Esto muestra su gran poder creativo y su intelecto. Los versículos 17 y 18 dicen que los pensamientos de Dios son más numerosos que la arena. Se calcula que hay 7.5 trillones de granos de arena en la tierra: 7 500 000 000 000 000 000 (18 ceros). Sin embargo, se estima que los seres humanos tienen unos 165 199 000 pensamientos a lo largo de su vida.

En verdad, ¡Dios es grande! Deja que el Espíritu Santo escriba esta verdad en tu alma. Pon tu confianza en Dios, que es más grande que tú. Prepárate y adóralo.

Sugerencias para la oración: Pide a Dios que escudriñe tu corazón, conozca tus pensamientos y te muestre en qué áreas necesitas engrandecerlo más. Alábalo por el glorioso esplendor de su majestad.

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