JUEVES, 8 DE OCTUBRE
Lectura bíblica: Isaías 40:9-31
Salmo 93:1: «Jehová reina; se vistió de magnificencia; Jehová se vistió, se ciñó de poder. Afirmó también el mundo, y no se moverá».
Cuando recibes una invitación a una fiesta de cumpleaños, ¿qué haces para prepararte? ¿Comprar un regalo y escribir una tarjeta? Hoy y mañana veremos una invitación que se nos hace desde la Escritura. Cuando leemos la palabra «majestad», es una invitación a adorar a Dios y a confiar en él.
En la Escritura, «majestad» no es un título de la realeza, como «Su Majestad el Rey». Más bien, proviene del latín y significa «grandeza». Después de leer esta invitación a adorar a Dios por su majestad, es decir, por su grandeza, ¿cómo se «prepara» uno?
Compara a Dios con cualquier cosa grande que conozcas, porque Dios siempre es más grande. Eso es lo que hizo Isaías en Isaías 40. Isaías recordó la obra de Dios en la creación: sosteniendo los océanos y pesando las montañas. Ningún ser humano puede hacer eso. Isaías pensó también en las naciones poderosas que lo rodeaban, y sin embargo Dios ha derrotado a muchas naciones —Egipto, Jericó y los filisteos, por nombrar algunas—. Dios es tan inmensamente más grande que el mundo que los habitantes de la tierra le parecen langostas (un insecto que mi gato se come por diversión). Isaías observa a grandes líderes mundiales (piensa en Senaquerib, Napoleón o Hitler), pero Dios los reduce a todos a la nada. Por último, considera las estrellas. La estrella más cercana está a 40 billones de kilómetros de distancia, y su luz tarda 4 años y 3 meses en llegar a la Tierra. ¡Dios puso esa estrella en su lugar y la llamó por su nombre!
Entrena tu mente para engrandecer a Dios. Adora al Dios majestuoso e incomparable.
Sugerencias para la oración: Compara a Dios con algo grande que conozcas, y luego alábalo por ser aún más grande. Pide a Dios que entrene tu mente para engrandecerlo.
