¿ERES UN MAL O UN BUEN DISCÍPULO?

MARTES, 8 DE SEPTIEMBRE

Lectura bíblica: 2 Crónicas 24:1-3; 15-22

Isaías 66:1-2: «Así dice Jehová: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me edificaréis, y dónde este lugar de mi reposo? Porque mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron hechas, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra».

Los tiempos de transición en la vida son aquellos en que el hombre o la mujer de Dios más necesita de un mentor sólido y bíblico. Consideremos al rey Joás. Subió al trono de Judá cuando tenía apenas siete años. Bajo la tutela del sacerdote Joiada, Joás reinó con sabiduría y reconstruyó la casa de Jehová. Pero Joiada murió, y el rey Joás se rodeó de aduladores, «hombres que le decían sí a todo», quienes apartaron su corazón de Jehová.

Es una circunstancia que también nos resulta familiar en nuestro mundo. Los jóvenes que entran a la secundaria pueden pensar que sus compañeros son mejores consejeros que sus padres, y, para su propio perjuicio, abandonan la sabiduría cristiana que sus padres les dieron. Las madres jóvenes se sienten abrumadas, pero en lugar de recibir el sabio consejo de mujeres mayores y maduras en la fe, se resienten con esas consejeras.

Como ministro, he tenido el privilegio muchas veces de sentarme junto al lecho de un cristiano anciano que, en las últimas y penosas horas de su vida, seguía dando testimonio de la bondad de Dios. A la juventud de hoy a menudo se la protege de la muerte, como si fuera algo demasiado aterrador o demasiado crudo (aunque esa idea queda desmentida por la violencia de los videojuegos y las películas que esos mismos jóvenes ya están consumiendo).

Desde los primeros días hasta el final de la vida, nuestra existencia entera se derrama para la gloria de Dios. Como aquellos que han sido llevados de muerte a vida en Cristo, debemos ser guiados por sendas de justicia. A tu alrededor hay mentores que Dios ha levantado. ¿Eres lo bastante humilde para recibir instrucción?

Sugerencias para la oración: ¿Tiemblas ante la palabra de Dios? ¿Tienes un espíritu humilde? ¿Confiesas tus pecados con prontitud y buscas el perdón de Dios? Ora para que el Espíritu de Dios te dé santo discernimiento, de modo que estés preparado, y lo bastante humilde para ser enseñable, cuando Dios te provea un mentor.

Deja un comentario