FORMACIÓN EN LA VIDA NUEVA

MIÉRCOLES, 9 DE SEPTIEMBRE

Lectura bíblica: Romanos 7:19-23

Hebreos 2:1: «Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos».

Gran parte de la vida es hábito y rutina. Te cepillas los dientes a horas fijas. Tienes un día para lavar la ropa, limpiar o hacer los quehaceres. Resulta interesante que el pecado también es hábito y rutina para quienes están bajo su dominio. Aquellos primeros pasos de probar el pecado, de experimentar con el mal, pronto dan lugar a sentirse atraído por él. Lo necesito. Le hago caso. Lo perpetúo. La paga del pecado es muerte.

Cuando un cristiano es liberado del pecado y se convierte en siervo de Dios, tiene un nuevo amo. Pablo señala a los romanos hacia su nuevo amo: Jesús. Aquí hay un buen ejemplo. Quienes antes fueron alcohólicos y ahora desean vivir en sobriedad suelen tener un padrino de recuperación. Ese padrino guía a la persona por un camino nuevo; eso es precisamente lo que hace un mentor cristiano. Al enfrentar la tentación, ¿cómo debe orar uno? Al desear crecer, ¿cómo debe leerse la Biblia? ¿Cómo puede un cristiano ser fructífero en una vida que conduce a la santificación, una vida que crece en santidad y conformidad con la voluntad de Dios?

En Hebreos 2, Pablo da una advertencia urgente para que no nos deslicemos de lo que hemos oído y se nos ha enseñado como seguidores de Jesucristo. El diablo es un maestro sutil para alejar a las personas de su compromiso con Jesús. Con frecuencia son las pequeñas concesiones y los pecados que parecen insignificantes los que terminan arrastrando al cristiano hacia abajo. Un mentor sabio, que conoce la fragilidad del corazón humano, las artimañas del pecado y la gracia aún mayor de Dios, será de gran ayuda en ese preciso momento.

Sugerencias para la oración: Que Dios te muestre tus antiguos patrones de pecado, que aún se aferran a ti como espinas; que el Espíritu Santo renueve en ti el deseo de andar en santidad.

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