APRENDIENDO A MANEJAR

LUNES, 12 DE OCTUBRE

Lectura bíblica: Proverbios 4:1-13

Santiago 3:17: «Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía».

Dios tiene atributos que le pertenecen solo a él, y otros que los seres humanos pueden imitar. Ninguno de nosotros existió antes del tiempo, ni está presente en todas partes, pero sí podemos elegir hacer el bien o decir la verdad. La sabiduría pertenece a este segundo grupo de características. Recibimos sabiduría de Dios cuando primero nos volvemos enseñables. Nos humillamos delante de él, reconociendo que es más que nosotros, y nos maravillamos ante él. Luego, nos empapamos de la Escritura y la recibimos como su palabra. El Espíritu Santo nos ayuda a vivir la palabra de Dios.

Es útil saber lo que la sabiduría dada por Dios no es. La sabiduría no consiste en ver el panorama completo; no es saber cómo cada pequeño acontecimiento tiene un significado profundo, ni por qué Dios permite que cada situación nos suceda. Sí, Dios a veces nos guía aplicando principios a través de sucesos que parecen improbables. Pero eso es distinto de tratar de leer un mensaje en todo lo inusual que nos pasa. Leer mensajes ocultos no es sabiduría. La mayoría de las cosas que nos ocurren son inexplicables.

Más bien, la sabiduría es como aprender a manejar. Los conductores prestan atención a su velocidad y su posición, y tienen una aguda conciencia de lo que ocurre a su alrededor. Por lo general, no se preguntan por qué el camino tiene esta curva, o por qué hay un carro estacionado allí, o por qué está lloviendo. Los conductores observan su situación y procuran hacer lo correcto. En nuestra vida cotidiana, la sabiduría consiste en tener claridad de visión, aferrarse a Dios y hacer lo que es correcto conforme a su palabra.

Sugerencias para la oración: Pide la humildad para reconocer que hay cosas que Dios no nos ha dado a conocer ni a entender. Pide una sabiduría que profundice tu relación con Dios y se exprese en acciones semejantes a las de Cristo en tu situación actual.

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